Colegio Maria Inmaculada

Curso 2016-2017

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Programa 1º Bachillerato

Historia de la filosofía

  1. Presentación de la materia

La Historia de la Filosofía no se entiende como una «repetición» de contenidos filosóficos. Es frecuente que los alumnos consideren que para superar la materia sólo haya que memorizar los autores estudiados, como si se tratara de una cuestión de «ingesta indigesta» y no de «digestión comprensiva». Quienes así la juzguen, mejor dedicarse a otros menesteres. El objetivo que nos proponemos, aunque claro y conciso, exige ciertas «excelencias»: el alumno debe conseguir la suficiente capacidad crítica como para leer textos filosóficos complejos, así como para comentarlos más allá de su exégesis hermenéutico-conceptual, adquiriendo unas «destrezas» técnicas de la materia sólidas y maduras, cuya misión no es otra que la de permitirles leer y escribir filosofía sin remilgos ni deficiencias. Dicho de otro modo: quien tenga carencias en la redacción de disertaciones o en la comprensión de textos, difícilmente superará la materia. Aquí no se trata de «empollar» sino de «comprender»: lo primero exige buena memoria y unas horas de repetición memorística; lo segundo requiere una preparación metódica y pausada. Quienes escojan el primer camino yerran. Quienes apuesten por el segundo, que es el camino de la «comprensión», aciertan: recorrerlo será costoso, mas todo sacrificio parece poco cuando se recoge la esperada «recompensa».

Asumimos la tesis deleuzeana: «la filosofía sirve para entristecer». Si la Filosofía fuera cuestión de divertimento o entretenimiento, como algunos detractores de las «ciencias del espíritu» defienden, la misión de los filósofos devendría en una suerte de guasa tragicómica. El maestro G. Deleuze también nos recuerda la misión de la Filosofía: «denunciar la bajeza en todas sus formas». La empresa encomendada es clara: analizar nuestra historia –el pasado, presente y futuro– para comprender(nos) mejor, tarea ineludible para quienes huyen del «realismo ingenuo», actitud «indeseable» pero muy extendida en la sociedad. Entendida así la Filosofía parece indiscutible que, para quienes deseen repetir contenidos, nada mejor que una advertencia: la «memorística» es una herramienta innecesaria e indigna para afrontar nuestra materia. Es el momento de desentrañar entuertos: leer pausadamente para «entender», releer con paciencia para «digerir», rumiar para «comprender», además de escribir sin cesar para «aprender a filosofar», forman parte de los ingredientes indispensables para preparar el curso de Historia de la Filosofía.

Los entresijos de la materia no abrigan misterios. Se limita a formar a los alumnos acorde con las exigencias de la Selectividad. Sin ésta, la metodología y pedagogía filosófica entrarían en cuestión de estilo, particularidad transitoria del Departamento de Filosofía. No es el caso. Por ello, nada mejor que recordar cuáles son las exigencias que «nos» reclama la Universitat de València. Recálquese el «nos», primera persona del plural que recuerda al estudiante una labor conjunta: alumno y profesor comparten encargo, tarea y menesteres. Un (buen) filósofo nunca dejaría de lado la «aventura» compartida, pues en tal caso apenas le importarían los resultados de sus alumnos en Selectividad: la «honradez moral» (nos) exige compartir unos objetivos comunes. Quien los abandone a su suerte –ya sea profesor o alumno– cargará con la responsabilidad inherente a toda decisión moral.

Vayamos, pues, al contenido formal de la materia.

  1. Metodología, organización, evaluación y objetivo final

La metodología del aula es clara y sistemática. El alumno leerá en casa –y al ritmo que exija el profesor– el texto filosófico (en principio, un autor por evaluación). El aula se entiende como el ágora filosófica en donde el profesor explicará, comentará y aclarará el mensaje críptico de los textos. No obstante, no será él quien cargue con el peso de las sesiones. Se exige al alumno que participe y pregunte en el aula pues, en caso contrario, el temario avanzará a pasos gigantescos. Se entiende, claro está, que el alumno no comprende todo cuanto lee, de ahí que necesitemos su colaboración. Por tanto, se requiere una participación viva y «despierta» del alumnado.

Cada autor será introducido históricamente por el profesor durante las primeras sesiones. Una vez iniciados en la lectura del autor, los alumnos plantearán sus dudas en cada clase, siguiendo, es obvio, unas normas de educación mínima: pedir turno de palabra y situar la cuestión en una parte concreta del texto. Se puede y se debe ir más allá de éste, siempre que nos comprometamos a evitar las digresiones innecesarias, parientes cercanas de las insanas elucubraciones. Los alumnos que no respeten las intervenciones de los compañeros saldrán del aula. Es necesario crear un ambiente filosófico que no impida a nadie plantear sus dudas. Cada intervención y cada inquietud es «sagrada». Por supuesto, toda muestra de desprecio hacia un compañero será comunicada al tutor/a para que tome las medidas oportunas.

La evaluación del curso sigue las pautas que exige la Selectividad, de ahí que se incluya la misma hoja de criterios de corrección para evitar confusiones innecesarias. El profesor puntuará siguiendo a rajatabla los mismos criterios. Es importante tenerlos claros para evitar disquisiciones o elucubraciones producidas por la libre imaginación de los alumnos. El control puntúa sobre 10 y un aprobado es un 5 (no un 4,75).

Por otra parte, se exigirán lecturas, comentarios de textos y disertaciones que no puntuarán de manera sistemática en las evaluaciones pero que se valorarán en vistas al final de curso. No obstante, las actividades diseñadas son herramientas necesarias (pero no suficientes) para madurar la materia, las cuales facilitan el dominio de ésta. Es posible que alguien considere «injusto» que no se puntúen los trabajos realizados. Tal pensamiento ingenuo se desmonta con un doble argumento: a) no todo esfuerzo debe ser recompensado mecánicamente (a los niños no se les da premio a toda hora, sino en momentos puntuales), y b) en caso de llegar el «premio», éste se ofrecerá cuando haya muestras suficientes de un trabajo constante e incesante.

Además de disertaciones y comentarios de textos filosóficos, el Departamento de Filosofía exige la lectura de tres obras maestras de la Historia de la Filosofía. En vistas a evitar la «picaresca española», muy dada a la «apropiación indebida de apuntes», se realizará en clase una prueba escrita sobre las lecturas.

Además, tenemos a la vista un objetivo final, fundamental en una materia como la nuestra: pretendemos que el alumno acuda a la universidad con la autonomía suficiente para leer y escribir ensayos filosóficos. En el último curso de bachillerato es forzoso ejercitar al alumno en «herramientas académicas» que le ayuden a introducirse en las enseñanzas universitarias. Por eso, el profesor aporta una bibliografía básica para que cada alumno se familiarice con la investigación filosófica. Es el momento de despertar una seria y serena «autonomía» que no convierta al alumno en un «siervo» del profesor. Quienes defiendan tal pedagogía mala tarea aportan a la humanidad: las universidades españolas gozan de un gran prestigio gracias al espíritu de «autonomía» que fomentan.

  1. Metaobjetivos

El Departamento de Filosofía «invita» al alumno a abrirse a nuevas metodologías pedagógicas cuya finalidad consiste en «madurar» su espíritu filosófico. Para ello, ofrece unas actividades complementarias que le permitirán elaborar con «estilo propio» la PAU. El metaobjetivo pretende alimentar el bagaje filosófico del alumno, imprescindible para moverse e integrarse con soltura en la sociedad del siglo XXI. Esbozamos las propuestas que ofrecemos:

  1. Filosofía mínima

«Situarse», comprender nuestro mundo entorno, exige empaparse del legado histórico-filosófico heredado. Comprender el presente, cuanto nos rodea, requiere descifrar e interpretar los «discursos» heredados. Para ello, hay que dominar la bibliografía filosófica más básica, necesaria para no desentonar en los círculos filosóficos de la sociedad. Ofrecemos un listado de lecturas esenciales para entender la historia del pensamiento Occidental:

      1. Aristóteles: Ética a Nicómaco (Libro VI, I y X) y Política (Libro I, III y VI).

      2. N. Maquiavelo: El Príncipe (Introducción y capítulos I, VI, XV, XVII, XVIII, XXV y XXVI).

      3. T. Hobbes: Leviatán (Capítulos XIV, XV y XVI).

      4. B. Constant: De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos (Conferencia, disponible en la red).

      5. J. Habermas: Conocimiento e interés (Artículo).

      6. A. Cortina: Ciudadanos del mundo (pp. 55-63).

      7. Walzer: La idea de sociedad civil (Debat, nº 39, 1992).

  1. Terminología mínima

El dominio conceptual filosófico precisa del estudio hermenéutico-terminológico. Los conceptos «se dicen» de muchas maneras. Nuestra propuesta consiste en el estudio histórico de conceptos básicos del ámbito filosófico: «esencia», «alma», «existencia», «yo», «libertad», etc. El estudio consiste en aproximarse a la visión de cada autor sobre alguno de estos términos. Por ejemplo, seguir el rastro histórico del concepto «alma» desde Parménides, Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Nietzsche…

Bibliografía básica general

El Departamento de Filosofía recomendará a lo largo del curso lecturas más específicas orientadas a ampliar conocimientos sobre autores o temas puntuales. Ofrece aquí algunas obras fundamentales para situarse y empaparse del ambiente que requiere y exige una materia como la nuestra. Se recomienda leerlas a lo largo del curso.

MARÍAS, Julián, Historia de la Filosofía, Madrid: Alianza Editorial, 1999.

POPPER, Karl, La sociedad abierta y sus enemigos, Barcelona: Paidós, 2006.

WARBURTON, Nigel, Las caverna de Platón y otras delicias filosóficas, Barcelona: Crítica, 2006.

ZUBIRI, Xavier, Cinco lecciones de filosofía, Madrid: Alianza, 1997.

Recursos

 

Enlaces

 

 

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