Colegio Maria Inmaculada

Curso 2016-2017

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Hoja de ruta filosófica: la trilogía

El Departamento de Filosofía os presenta su hoja de ruta filosófica. Consiste ésta en una trilogía, a saber: Educación Ético-cívica, Filosofía y Ciudadanía e Historia de la Filosofía. ¿Cuál es la relación entre ellas, si acaso la hubiera? ¿Existe un télos común a todas? ¿Por qué la presencia de una trilogía filosófica en un plan de estudios como el nuestro? Esbozaré las respuestas a estas cuestiones a medida que presentemos nuestras materias. No obstante, anticiparé que englobo el programa de Filosofía bajo el rótulo de trilogía porque en la Grecia clásica ésta era el conjunto de tres obras trágicas de un mismo autor. ¿A quién corresponde la autoría de la Filosofía? A mí, sin duda. Pero también a ti, alumno ó alumna. La Filosofía pertenece a la Humanidad, pues sólo hay filosofía cuando uno vive. ¿En qué consiste vivir? En tomar decisiones. Nadie puede tomarlas por mí. O sí, tal vez. Pero cuando esto ocurre mi vida no es mía: es de otro. Surge entonces una vida «inauténtica». Creo yo que, hasta para el más mísero de los hombres, vivir la vida con «autenticidad» es una meta loable. Nadie quiere ser «masa», ¿verdad? El caso es que la gran mayoría de la Humanidad lo es, o al menos, lo parece. Dicho lo cual, hay que vivir y hay que decidir. ¿Acaso no es ya esto un drama? No es fácil tomar decisiones, lo cual explica que el gentío siga la corriente de la «masa». ¡Es tan cómodo dejarse vivir! Pues bien, ante una circunstancia tan trágica –tan griega, si se me permite– sólo queda un remedio: filosofar. Es, en esencia, una actividad: ejercitar el alma, pensar, reflexionar, meditar, calcular, estimar, valorar… Pues bien, nace así el sentido de una trilogía: ante la tragedia que supone vivir –y vivir es elegir– es necesario filosofar. Nuestras tres materias –a las que calificaremos de trilogía– parten de un sentido trágico como es el hecho de que no hay una cartografía de la vida que nos «oriente» ante las dificultades del vivir. Si la hubiera, podríamos consultarla ante interrogaciones radicales: ¿Cómo puedo ser feliz? ¿Qué debo estudiar? ¿Cuál es el fundamento del bien? ¿Qué valores escoger? No hay manual que responda a nuestras cuestiones. Nuestra vida es más bien un «sin-vivir» y un «des-vivir(se)». Es aquí entonces cuando se justifica y nace el sentido de nuestra trilogía, que pasamos a presentar a continuación.

Educación Ético-cívica

La educación moral no es propiedad de nadie. El hombre es inevitablemente moral en tanto que toma decisiones que le afectan tanto a él como a sus congéneres. Es, además, responsable de todo cuanto acomete (incluso cuando la ignorancia es el origen de su acción). Hay que dar «contenido» a la «estructura moral» del individuo. Para tal misión nace la Educación Ético-cívica (o Ética, que es lo mismo). La finalidad de la materia es reflexionar sobre cuál es el proyecto de «vida buena» que nos conviene, teniendo en cuenta que, a pesar del sano y necesario «pluralismo moral», surgen conflictos y problemas no sólo en comunidad sino con uno mismo. Es importante recalcar que nuestra materia no impone contenidos morales, sino que los presenta para reflexionarlos, meditarlos, contrastarlos, adoptarlos y adaptarlos a nuestra vida, si se tercia. Por tanto, conviene recalcar el fuerte carácter teórico –jamás ideológico– de la materia, algo que no impide el análisis del mundo circundante. Nuestra ética es una ética «abierta al mundo» pero que asume una realidad antropológica e histórica innegable: la salvación o la condena no dependerá de cursarla, sino del modelo de «vida buena» que cada uno proyecto durante su vida. El objetivo de la materia es aportar una ética de mínimos, que no es una ética de saldos, sino una ética que permita despertar la capacidad crítica del alumno. O lo que es lo mismo, una ética que permita al individuo «empoderarse» de su vida, algo que viene a significar lo siguiente: estimular la autonomía para no convertirse en «masa». Es, por tanto, el inicio de un proyecto importante que exige la colaboración de la sociedad: «para educar a un niño hace falta una tribu». La educación moral no es un asunto privado. Éste es un axioma incuestionable. Como tampoco lo es que, del mismo modo que hay expertos en cuestión de vinos, también hay catadores de «valores», capaces de analizarlos y «fomentar» los que construyan una «sociedad abierta». Llámensele a tales catadores, «filósofos».

Filosofía y Ciudadanía

Los políticos –con independencia del signo que representan– no entienden ni de enseñanza ni mucho menos de Filosofía. El adjetivo de «Ciudadanía» es innecesario. Se incluye, desde antaño, en el sustantivo «Filosofía». ¿Por qué entonces el remoquete? Para recalcar la carga moral que incluye la Filosofía. Cualquier individuo conoce –por ingenuo que éste sea– que una de las partes de la Filosofía es la Ética ó Filosofía Moral. Pues bien, el calificativo de «Ciudadanía» queda borrado de un plumazo –o un teclazo– por redundante, repetitivo, innecesario… Así de sencillo. ¿En qué consiste la Filosofía y Ciudadanía? Ésta es una invitación a pensar el mundo circundante. Pasado, presente y futuro. Nuestra misión conjunta estriba en reivindicar un «pensamiento complejo» o «poliédrico», capaz de abordar temáticas plurales y abiertas que nos zigzaguean de un camino a otro: Ciencia, Tecnología, Sociedad, Política, Poder, Cultura, Antropología, Psicología, Ética… Deseamos comprendernos y entendernos. Por ello, el temario de Filosofía y Ciudadanía es, tal vez, demasiado pretencioso: nos conformaremos con aprender a pensar, aprender a reflexionar, a leer y a escribir, que no es poco. Son, por cierto, los requisitos mínimos para conseguir la soltura necesaria que exige el curso de Historia de la Filosofía. El ingrediente imprescindible para nuestra tarea es el «respeto». La Filosofía es un método –un camino– tan importante como la Ciencia. Hay que recorrer su camino, sin miedos y con humildad. Tal vez, quién sabe, mi invitación a andar a través de la senda filosófica cambie radicalmente la vida de alguno de mis alumnos. A mí me ocurrió. ¿Por qué no a ti? Es importante apreciar, valorar y estimar la Filosofía. Cursé un bachillerato con doce horas semanales de Filosofía. Fui un afortunado, sin duda. Ahora disponemos de dos. No importa. Mejor. A mayor desafío, mayor aventura y mayor riesgo.

Historia de la Filosofía

Suele considerarse la parte más «aséptica» de la trilogía. La Historia de la Filosofía consiste en una ruta histórica a través de los filósofos perennes, los que permanecen a pesar del transcurso y el devenir de los tiempos. Desapareceremos todos –también tú, por cierto– pero sus obras quedarán. Platón, Rousseau u Ortega y Gasset ya son historia eterna, muñón de la vida, parte de nosotros, como miembros de la familia... Leerlos, comprenderlos, apreciarlos, quererlos y respetarlos son algunos de nuestros quehaceres más próximos. Debemos sentirnos orgullosos de sus obras. También es cierto que el programa del curso es –Selectivo obliga– ramplón, cicatero, mediocre, partidista, soso… ¿Por qué? Porque una Historia de la Filosofía no puede consistir en el estudio de tres o cuatro autores. Por muy importantes que sean Platón, Descartes o Kant, el estudio exclusivo de las migajas de alguna de sus obras no le ofrecen al alumno, ni por asomo, la menor idea de su pensamiento. No obstante, nuestra hoja de ruta queda estrangulada y encorsetada a causa del efecto Selectivo y a él debemos ceñirnos. Disfrutaremos en la medida de lo posible de un temario tan arcaico y desfasado. Anticiparé –para animar a los que vengan por detrás– que en un par de cursos el temario de Historia de la Filosofía cambiará radicalmente. Estudiaremos alrededor de una docena de autores, como mandan los cánones del buen gusto. Claro, pues, ¿quién decide que la historia excluya el estudio de Foucault o Deleuze? ¿Por qué unos autores y no otros? ¿Por qué una historia de la filosofía occidental y no la oriental? Se avecinan tiempos boyantes para la Filosofía. El programa que nacerá en breve es amplio, curioso, circular, atractivo… Bienvenida sea la reforma.

Hasta aquí la ruta filosófica de una trilogía apasionante. Pretendía invitarte a conocer nuestro recorrido, especialmente para los que se acercan por primera vez a la Filosofía. Es bueno que uno sepa, grosso modo, su hoja de ruta, que va muy ligada, por cierto, a la ruta de su vida. Bienvenidos de nuevo al curso 2008-2009.

 

Agustín Zaragozá Granell 
Filósofo

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